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Huerta
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20 de octubre de 2026
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Albahaca en casa: siembra, cuidado y cosecha
Cuándo sembrarla en Buenos Aires, cómo cuidarla en maceta y cómo cosecharla para que siga dando hojas todo el verano.
Pocas plantas resumen tanto el verano como la albahaca. Basta rozar una hoja para sentir ese perfume dulce que asociamos con el tomate y la pasta. La buena noticia es que no hace falta un jardín para tenerla: una maceta al sol en el balcón o en una ventana alcanza. En esta nota te contamos cuándo sembrarla en el clima de Buenos Aires, cómo cuidarla para que no se apague antes de tiempo y cómo cosecharla para que siga dando hojas durante toda la temporada.
Una planta de calor
La albahaca es una planta anual que viene de climas cálidos y no tolera el frío. Las heladas la queman en una sola noche y, aun sin helada, con temperaturas bajas deja de crecer y se pone triste. Por eso en la zona templada de Buenos Aires su temporada va de la primavera al otoño: se siembra cuando el frío ya pasó y se despide cuando llegan las primeras noches frescas de mayo.
En general, la siembra en almácigo protegido puede empezar a fines del invierno o comienzos de la primavera, y el trasplante o la siembra directa en maceta conviene hacerlos ya entrada la primavera, cuando las noches se templan.
Cómo sembrarla
Las semillas de albahaca son pequeñas y negras. Se consiguen en viveros y semillerías, y conviene elegir un sobre con fecha de envasado reciente. Si preferís empezar con un plantín, también es una opción muy cómoda.
1. Llená una bandeja de almácigo o macetitas con sustrato liviano y húmedo.
2. Distribuí las semillas sobre la superficie y cubrilas apenas con una capa muy fina de tierra. Son semillas que se entierran poco.
3. Mantené el sustrato húmedo pero no encharcado, en un lugar cálido y luminoso.
4. Cuando las plantitas tengan dos o tres pares de hojas verdaderas, pasalas a su maceta definitiva.
Para una sola planta, una maceta de unos 20 a 25 centímetros de diámetro funciona bien. Si querés varias, en un cajón largo podés dejarlas separadas unos 20 centímetros entre sí. Lo importante es que la maceta tenga agujeros de drenaje: a la albahaca le gusta la humedad pareja, no los pies mojados.
Sol, agua y espacio
La albahaca necesita luz. Buscale el lugar más soleado que tengas, idealmente con varias horas de sol directo por día. En pleno verano porteño, si el balcón recibe un sol muy fuerte toda la tarde, un poco de sombra en las horas más calurosas le puede venir bien.
El riego es donde más se suele fallar. En maceta y con calor, la tierra se seca rápido, así que fijate todos los días metiendo un dedo en el sustrato: si los primeros centímetros están secos, regá a fondo, hasta que el agua salga por abajo. Si siguen húmedos, esperá. Regá en la base, sin mojar tanto las hojas, y preferí la mañana temprano o el atardecer.
El secreto: despuntar y sacar las flores
Si dejás que la albahaca crezca a su aire, va a formar un tallo alto y, en algún momento del verano, va a empezar a echar espigas de flores. Cuando florece, la planta pone su energía en producir semillas, las hojas se vuelven más chicas y el sabor cambia.
Para que se ramifique y se mantenga frondosa, la técnica es despuntar. Cuando la planta tenga unos 15 centímetros, cortá la punta del tallo principal justo por encima de un par de hojas. De ese punto van a salir dos brotes nuevos. Repetí lo mismo con cada brote a medida que crece y vas a obtener una planta más baja, redonda y llena de hojas.
Cuando veas que aparece una espiga floral en la punta, cortala.
Cosechar sin debilitarla
La cosecha y el despunte, en realidad, son lo mismo. Siempre que necesites albahaca, cortá desde arriba, justo por encima de un par de hojas, en lugar de arrancar hojas sueltas de la base. Así la planta sigue ramificándose y te da más.
Como regla general, no le saques más de un tercio de las hojas de una vez. Lo ideal es cosechar a la mañana, cuando las hojas están frescas, y usarla en el día. La albahaca no se lleva bien con la heladera: el frío oscurece las hojas. Si cortaste ramitas de más, ponelas en un vaso con agua, como un ramo, sobre la mesada y lejos del sol.
Ideas para usar la cosecha y para el resto del año
Con una planta generosa, lo primero que aparece es el pesto. La versión clásica lleva piñones, pero en casa funciona muy bien con almendras o con castañas de cajú. Una medida casera: un buen puñado de hojas, unas 30 gramos de almendras o cajú, un diente de ajo chico, sal y aceite de oliva virgen extra de a poco, hasta lograr la textura que te guste. Si querés, sumá queso rallado o levadura nutricional al final.
Otras ideas simples para el verano:
1. Hojas enteras sobre una pizza recién salida del horno, para que no se quemen.
2. Ensalada de tomate con albahaca picada a mano, sal y un hilo de aceite.
3. Tomates secos hidratados en agua tibia, escurridos y guardados en aceite de oliva con hojas de albahaca y ajo, para usar en la semana y conservar en la heladera.
4. Un cubito de pesto: llená una cubetera, cubrí con un poco de aceite y frizalo. Te va a durar varios meses.
Cuando llega el otoño y la planta se despide, la albahaca seca sigue siendo una aliada para salsas, guisos y masas. Tiene un perfil distinto a la fresca, más suave y herbal, y conviene agregarla durante la cocción para que se hidrate. Guardala en un frasco bien cerrado, lejos de la luz y el calor de la hornalla, y en primavera, cuando las noches se templen, volvé a sembrar.
albahaca-por-100g|Albahaca por 100g
aceite-de-oliva-virgen-extra-250ml-rasel-1uaaw|Aceite de oliva virgen extra 250ml Rasel
almendras-100g|Almendras 100g
castanas-de-caju-por-100g|Castañas de cajú por 100g
tomates-secos-x100-gr|Tomates secos x100 gr
