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19 de octubre de 2026

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Cómo leer la etiqueta de un alimento en Argentina

Cómo leer la etiqueta de un alimento en Argentina

Qué información trae el rótulo de un alimento envasado, cómo interpretar la tabla nutricional y qué significan los sellos negros y las leyendas de advertencia.

Dar vuelta un paquete y leer la etiqueta lleva menos de un minuto y te da mucha información sobre lo que estás comprando. El problema es que muchas veces no sabemos bien qué mirar ni cómo interpretar lo que dice. En esta nota repasamos las partes principales del rótulo de un alimento envasado en Argentina, para que puedas compararlos con más criterio en el supermercado o en la dietética.

Lo básico: denominación, contenido y origen

En la cara principal del envase vas a encontrar la denominación de venta, que es el nombre que indica qué es el producto. Conviene leerla con atención, porque no siempre coincide con lo que sugiere la foto o el nombre de fantasía. Un envase puede mostrar frutas en el frente y la denominación aclarar que se trata de una bebida o de un producto con sabor a fruta.

También tiene que figurar el contenido neto, es decir, cuánto producto hay, en gramos, kilos, mililitros o litros. Es un dato útil para comparar precios entre presentaciones distintas.

Además, el rótulo indica quién elabora o importa el producto, el país de origen y los números de registro del establecimiento y del producto ante la autoridad sanitaria. Esos registros muestran que el alimento está inscripto para su venta.

La lista de ingredientes

Es una de las partes más útiles de la etiqueta. Los ingredientes se enumeran en orden decreciente según la cantidad que hay de cada uno: el primero es el que está en mayor proporción y el último, el que está en menor proporción.

Con solo mirar los tres o cuatro primeros ingredientes ya podés tener una idea bastante clara de qué estás comprando. Si en un producto que se presenta como integral el primer ingrediente es harina refinada, o si en una barra de cereales el primero es azúcar o jarabe, ese orden te lo está diciendo.

También conviene saber que el azúcar puede aparecer con distintos nombres, como jarabe de maíz, jarabe de glucosa, dextrosa, fructosa o azúcar invertido. Y que los aditivos se indican por su función, como conservante, espesante, colorante o emulsionante, seguida del nombre o código del aditivo.

Muchos envases incluyen además una declaración de alérgenos, con frases como contiene leche, contiene soja o puede contener trazas de maní. Si en tu casa alguien tiene alergias alimentarias, esa sección es de lectura obligatoria.

La tabla de información nutricional

La tabla nutricional informa la cantidad de energía y de nutrientes que tiene el producto. En general muestra el valor energético, los carbohidratos, las proteínas, las grasas totales, las grasas saturadas, las grasas trans, la fibra alimentaria y el sodio.

Un punto clave es fijarse sobre qué cantidad están expresados esos valores. La tabla suele indicar los datos por porción, y la porción aparece también en una medida casera, como una taza, una unidad o una cucharada. Esa porción puede ser bastante más chica que lo que una persona come en la práctica, así que conviene hacer la cuenta.

Para comparar dos productos entre sí, lo más práctico es mirar los valores cada 100 gramos o cada 100 mililitros cuando están disponibles, porque así la comparación es pareja aunque las porciones de cada marca sean distintas.

La columna de porcentaje de valor diario indica cuánto aporta esa porción en relación con una referencia general para adultos. Es una guía orientativa, no una recomendación personal.

Los sellos negros de advertencia

Desde la sanción de la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable, conocida como ley de etiquetado frontal, muchos alimentos y bebidas envasados llevan en el frente sellos negros con forma de octógono. Cada sello indica que el producto supera los límites establecidos por la normativa para un nutriente o para el valor energético.

Los sellos que podés encontrar son exceso en azúcares, exceso en sodio, exceso en grasas saturadas, exceso en grasas totales y exceso en calorías. Un mismo producto puede tener uno, varios o ninguno.

La idea de este sistema es que, de un vistazo y sin tener que leer la tabla, puedas saber si un producto tiene cantidades altas de esos componentes. Es una herramienta de comparación rápida: entre dos opciones parecidas, ver cuántos sellos tiene cada una ayuda a decidir.

Las leyendas precautorias

Además de los sellos, algunos productos llevan leyendas rectangulares. Las más comunes son contiene edulcorantes, no recomendable en niños/as, y contiene cafeína, evitar en niños/as. Aparecen cuando el producto incluye esos componentes, aunque no tenga sellos de exceso.

Es un dato práctico si en tu casa hay chicos o si preferís evitar alguno de esos ingredientes.

Fecha de vencimiento, lote y conservación

Por último, revisá la fecha de vencimiento o de consumo preferente y las indicaciones de conservación. Frases como una vez abierto, conservar en heladera y consumir dentro de los días indicados son importantes para que el producto se mantenga en buen estado. El número de lote sirve para identificar la partida en caso de que haya algún problema con el producto.

Para resumir, una rutina simple para leer etiquetas:

1. Leé la denominación de venta, no solo el nombre de fantasía.

2. Mirá los sellos y leyendas del frente.

3. Revisá los primeros ingredientes de la lista.

4. Compará los valores nutricionales cada 100 gramos entre productos parecidos.

5. Chequeá alérgenos, fecha de vencimiento y forma de conservación.

Con un poco de práctica, esta lectura se vuelve automática y te permite elegir con más información. Si tenés indicaciones alimentarias particulares por alguna condición de salud, consultá con tu médico o nutricionista cómo aplicarlas a la lectura de etiquetas.