Equipo de Dietéticas Naturalmente
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20 de octubre de 2026
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La miel en la historia: de la recolección silvestre a la mesa de hoy
Antes del azúcar, la miel fue el gran endulzante. Un recorrido por su lugar en la historia, las abejas de América y la apicultura en la Argentina.
Durante buena parte de la historia humana, lo dulce fue un lujo escaso. Las frutas maduras tenían su temporada y no había otra forma de endulzar que no dependiera de ellas o de la miel. Por eso, la miel ocupó un lugar especial en muchas culturas: fue alimento, ofrenda, regalo y materia prima de bebidas y dulces. En esta nota recorremos esa historia, desde las primeras recolecciones hasta las colmenas de hoy, con algunas ideas para usarla en la cocina de todos los días.
Recolectores de miel
Mucho antes de que existiera la apicultura, las personas buscaban colmenas silvestres en árboles y grietas de rocas para obtener miel. Algunas pinturas rupestres muy antiguas, halladas en el este de España, muestran figuras humanas trepando para alcanzar un panal rodeado de abejas. Son de las representaciones más conocidas de esta práctica.
La recolección de miel silvestre sigue existiendo hoy en distintas partes del mundo, incluida nuestra región, donde en zonas de monte todavía se busca la llamada miel de palo o miel silvestre, producida por abejas nativas.
Las abejas y la cocina antigua
Con el tiempo, distintos pueblos aprendieron a criar abejas en recipientes de barro, troncos huecos o cestas, para tener la miel más a mano. En el antiguo Egipto, en Grecia y en Roma la miel tenía un lugar destacado en la cocina: se usaba para endulzar panes y tortas, para preparar salsas agridulces y para conservar frutas.
Una de las bebidas más antiguas que se conocen es el hidromiel, una bebida fermentada de miel y agua, presente en muchas culturas de Europa y de otras regiones. La miel también se combinaba con frutos secos y semillas para hacer dulces compactos, antepasados de muchos turrones y crocantes que todavía existen.
Durante siglos, en Europa la miel fue el endulzante principal. El azúcar de caña, en cambio, llegó como un producto caro y escaso, y solo con el tiempo se volvió de uso cotidiano. A medida que el azúcar se abarató, la miel pasó de ser imprescindible a ser un sabor elegido.
Las abejas de América
Antes de la llegada de los europeos, en América no existía la abeja que hoy asociamos con la miel, conocida como abeja melífera o europea. Eso no significa que no hubiera miel: los pueblos americanos conocían y aprovechaban la miel de abejas nativas sin aguijón, que construyen sus nidos en huecos de árboles.
En Mesoamérica, los mayas desarrollaron una forma de cría de estas abejas en troncos huecos, con una larga tradición. En nuestra región, las abejas nativas como la yateí, conocida con ese nombre de origen guaraní, son parte de la cultura del litoral y del noreste. Estas abejas producen poca cantidad de una miel más líquida y de sabor particular.
La abeja melífera llegó a América con los europeos y, con el tiempo, se convirtió en la base de la apicultura del continente.
La miel argentina
Hoy la Argentina es uno de los grandes productores y exportadores de miel del mundo. La producción se reparte en muchas regiones, con mieles de distinto color y sabor según las flores que visitan las abejas: hay mieles de pradera, de monte, de eucalipto, de citrus y de muchas otras floraciones.
Detrás de cada frasco hay un trabajo cuidadoso. El apicultor cuida las colmenas a lo largo del año, las traslada en algunos casos para acompañar las floraciones, y cosecha los panales cuando están listos. Luego, la miel se extrae, se deja decantar y se envasa.
Un crocante de sésamo y miel
Los dulces de miel y semillas existen en muchas tradiciones del Mediterráneo y de Medio Oriente. Esta versión casera es sencilla:
1. Tostá 150 gramos de semillas de sésamo en una sartén seca, a fuego medio, moviendo siempre, hasta que tomen un color dorado claro. Reservalas.
2. En una cacerola chica, calentá 100 gramos de miel y 50 gramos de azúcar, revolviendo, hasta que hierva y tome un color ámbar claro. Tené mucho cuidado porque el almíbar quema.
3. Retirá del fuego, agregá el sésamo tostado y mezclá rápido.
4. Volcá sobre papel manteca, cubrí con otro papel y estirá con palote hasta un espesor de medio centímetro. Cortá en rombos mientras todavía está tibio.
5. Dejá enfriar por completo y guardá en un frasco hermético. Podés hacer la misma receta con almendras o nueces picadas en lugar de una parte del sésamo.
Ideas para disfrutar la miel en casa
1. Probá mieles de distintas floraciones, una al lado de la otra, en una cuchara o con un trozo de queso. Las diferencias de color, aroma y textura pueden sorprenderte.
2. Para una merienda simple, untá una tostada con queso blanco, sumá un hilo de miel y unas nueces partidas por encima.
3. Calentá apenas un poco de miel con una rama de canela, sin dejar que hierva, y usala sobre frutas asadas, como manzanas o peras al horno.
4. Usá miel en aderezos para ensaladas: una cucharadita con mostaza, limón y aceite de oliva equilibra muy bien la acidez.
5. Guardá la miel en un frasco bien tapado, a temperatura ambiente y lejos de la humedad.
6. Recordá que no se recomienda dar miel a bebés menores de un año.
La próxima vez que abras un frasco de miel, pensá que estás probando uno de los alimentos más antiguos que acompañan a la humanidad.
miel-de-abeja-pura-500-gr|Miel de abeja pura 500 gr
semillas-de-sesamo-blanco-x100-gr|Semillas de sesamo blanco x100 gr
nuez-partida-x100gr|Nuez partida x100gr
almendras-100g|Almendras 100g
canela-en-rama-por-50g|Canela en rama por 50g
