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Bienestar y descanso

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20 de octubre de 2026

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La siesta: una tradición argentina y cómo hacerla corta

La siesta: una tradición argentina y cómo hacerla corta

De los pueblos del interior a la oficina, la siesta sigue siendo parte de nuestra cultura. Te contamos su historia y algunas ideas para una siesta breve.

En muchos pueblos y ciudades del interior del país todavía se respeta un horario sagrado: después del almuerzo, las calles se vacían, los negocios bajan las persianas y hasta los perros buscan la sombra. La siesta es parte de nuestra cultura, heredada de la tradición mediterránea y adaptada a los veranos calurosos de buena parte del territorio. En esta nota recorremos un poco su historia y compartimos ideas para quienes quieren incorporar una siesta corta a su día.

Un poco de historia

La palabra siesta viene del latín sexta, que hacía referencia a la sexta hora del día según la forma romana de contar el tiempo desde el amanecer. Es decir, el mediodía. Con los siglos, la costumbre de descansar después de la comida principal se instaló en España y otros países del Mediterráneo, y llegó a América con los colonizadores.

En la Argentina, la siesta encontró un terreno ideal. En provincias como las del noroeste, el noreste y Cuyo, donde el calor del mediodía es intenso buena parte del año, el horario cortado del comercio sigue vigente en muchas localidades. Abrir temprano a la mañana, cerrar al mediodía y volver a abrir a la tarde es todavía una organización habitual.

La siesta en la vida de hoy

En las grandes ciudades, con jornadas laborales continuas y largos viajes, la siesta clásica se volvió un lujo de fin de semana o de vacaciones. Sin embargo, muchas personas que trabajan desde casa, jubilados o quienes tienen horarios flexibles la siguen eligiendo.

Hay distintas formas de entenderla. Para algunos es una siesta larga, de pijama y persiana baja. Para otros es un rato corto en el sillón, casi un recostarse con los ojos cerrados. Esta nota se enfoca en la segunda opción: una pausa breve que no desarme el resto del día.

Cómo hacer una siesta corta

Algunas ideas que mucha gente aplica para que la siesta sea un respiro y no un desarmadero de la tarde:

1. Elegir un horario temprano, poco después del almuerzo, en lugar de dormir a última hora de la tarde.

2. Poner una alarma. Una siesta corta suele pensarse en unos veinte o treinta minutos.

3. Buscar un lugar cómodo pero no necesariamente la cama: un sillón, una reposera a la sombra o una hamaca paraguaya.

4. Oscurecer un poco el ambiente o usar un antifaz, sin necesidad de cerrar todo.

5. Avisar en casa que vas a estar media hora fuera de juego, para evitar interrupciones.

Si no te dormís, no importa. Muchas personas disfrutan simplemente de quedarse acostadas, con los ojos cerrados, escuchando los sonidos de la casa. En verano, con la casa a oscuras y el ventilador girando, ese rato tiene algo de infancia: muchos recuerdan las siestas obligadas en lo de los abuelos, cuando no se podía hacer ruido.

El mate de después

En buena parte del país, la siesta termina con un ritual: el mate de la tarde. Poner la pava, preparar el mate con yerba con palo y armar una pequeña merienda forma parte de la vuelta a la actividad. Es un momento de reencuentro en la casa, de charla en la galería o en el patio cuando baja el sol.

Para acompañar ese mate, la alacena ofrece opciones simples que no necesitan preparación. Un platito con almendras, dátiles y nuez mariposa es una merienda rica y fácil de armar. Los dátiles combinan muy bien con el amargo del mate, y las nueces suman textura. También podés abrir un dátil, sacarle el carozo y rellenarlo con media nuez: un bocado casero y prolijo para compartir.

Si tomás mate a la tarde y notás que se te estira hasta la noche, una opción es cebar los últimos con menos yerba o pasar a una infusión sin cafeína.

Consejos para sumar la siesta a tu rutina

1. Si querés que la siesta sea un hábito, intentá que sea a la misma hora la mayoría de los días.

2. Evitá las siestas muy largas o muy tarde si notás que después te cuesta acostarte a tu hora habitual.

3. Tené una manta liviana a mano, porque al recostarse muchas personas sienten un poco de frío.

4. Dejá la merienda del después preparada: el mate listo para cebar y los frutos secos en un frasco a la vista.

5. Guardá almendras, nueces y dátiles en frascos herméticos, en un lugar fresco; en verano, las nueces conviene conservarlas en la heladera para que mantengan su sabor.

6. Si un día no hay siesta, no pasa nada. Una pausa de diez minutos sentado al sol también es un respiro.

Si las dificultades para dormir o el cansancio se sostienen en el tiempo, consultá con un profesional de la salud.

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