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20 de octubre de 2026

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Menta y melisa en maceta: cómo cultivarlas sin que invadan todo

Menta y melisa en maceta: cómo cultivarlas sin que invadan todo

Crecen con ganas y se expanden rápido. Te contamos cómo cultivarlas en maceta, mantenerlas prolijas y aprovechar sus hojas en la cocina.

Hay plantas que hay que convencer para que crezcan, y hay otras que hay que convencer para que se queden quietas. La menta y la melisa pertenecen al segundo grupo. Son generosas, perfumadas, resisten bastante bien los descuidos y vuelven a brotar cada primavera. Justamente por eso, cuando se las planta en un cantero compartido, en pocos meses pueden ocupar el lugar de todo lo demás. La maceta es su mejor aliada. En esta nota te contamos cómo cultivarlas, cómo mantenerlas bajo control y algunas formas sencillas de usar sus hojas.

Dos plantas de la misma familia

La menta y la melisa forman parte de la familia de las lamiáceas, la misma del romero, el orégano y la albahaca. Se reconocen por sus tallos de sección cuadrada y sus hojas opuestas, y las dos son perennes: en invierno pueden perder parte de su follaje, pero la planta sigue viva y rebrota cuando vuelve el calor.

Se parecen, pero no son iguales. La menta tiene un aroma fresco e intenso, y hay muchas variedades: hierbabuena, menta piperita, menta chocolate y otras. La melisa, también llamada toronjil en algunas regiones, tiene hojas más redondeadas y rugosas, y un perfume que recuerda al limón. Además, se expanden de maneras distintas, y conviene conocerlas para controlarlas.

Por qué se escapan

La menta avanza por debajo de la tierra. Produce tallos subterráneos o rastreros, llamados estolones, que corren en todas direcciones y echan raíces y brotes nuevos a cierta distancia de la planta madre. Así es como, plantada en un cantero, aparece un año después entre las lechugas o en medio de los tomates.

La melisa crece en mata, más compacta, pero se reproduce con mucha facilidad por semillas. Si la dejás florecer y semillar, al año siguiente vas a encontrar plantitas nuevas en macetas vecinas y en rincones donde nadie la sembró.

Cómo cultivarlas en maceta

Las dos son de cultivo fácil y se adaptan bien a la vida en maceta. Algunas pautas para empezar:

1. Elegí una maceta de al menos 25 o 30 centímetros de diámetro, con buen drenaje. Más tierra significa menos riego de urgencia en verano.

2. Usá una maceta por planta. Si ponés menta en un cajón con otras aromáticas, va a terminar ocupándolo entero.

3. Ubicalas donde reciban sol de mañana y algo de sombra por la tarde. Toleran la media sombra mejor que muchas aromáticas, y en el verano de Buenos Aires lo agradecen.

4. Mantené el sustrato húmedo de forma pareja, sin encharcar. La menta, en particular, sufre si se seca del todo.

5. La forma más fácil de empezar es con un plantín o con un esqueje. Una ramita de menta de unos 10 centímetros, sin las hojas de abajo, suele echar raíces en un vaso con agua en una o dos semanas.

Técnicas para mantenerlas a raya

Aun en maceta, la menta busca escaparse. Puede tirar estolones por encima del borde o sacar raíces por el agujero de drenaje si la maceta está apoyada directamente sobre la tierra. Revisá de vez en cuando y cortá lo que se sale.

Si querés tenerla dentro de un cantero, un truco conocido es enterrar la maceta entera, dejando el borde unos centímetros por encima del nivel del suelo. Así las raíces quedan contenidas y la planta luce integrada al resto.

Con la melisa, el control pasa por las flores. Cuando veas que empieza a formar espigas florales, hacé una poda: cortá los tallos hasta dejarlos a unos 10 centímetros de la base. La planta rebrota con hojas nuevas y tiernas, y no dispersa semillas.

Cada dos o tres años, la menta en maceta suele perder vigor en el centro y concentrar la vida en los bordes. Es buen momento para sacar el pan de tierra, dividirlo en partes, quedarte con la más sana y volver a plantarla con sustrato renovado, idealmente a fines del invierno.

Cosecha y cuidados de cada estación

Cortá siempre ramitas enteras por encima de un par de hojas, en lugar de arrancar hojas sueltas. En primavera y verano podés cosechar con frecuencia. En otoño la planta se va frenando y en invierno es mejor dejarla tranquila. Si el follaje se ve feo después de una helada, podalo bajo y esperá la primavera.

Ideas para la cocina y la taza

Las hojas frescas de menta y de melisa tienen muchos usos simples:

1. Té moruno: preparalo con té verde en hebras y un buen manojo de menta fresca, y endulzalo con azúcar o miel a gusto. Es la forma tradicional en que se sirve en el norte de África.

2. Limonada: jugo de limón, agua fría, hojas de menta y de melisa machacadas apenas, y miel disuelta en un poco de agua tibia antes de mezclar.

3. Ensaladas de verano: menta picada con pepino, yogur y ajo, o con sandía y queso fresco.

4. Infusión de hojas frescas: un puñado de hojas en la tetera o en un infusor de acero, agua caliente sin llegar a hervir y unos minutos de reposo.

En invierno, cuando la planta descansa, las hojas de menta y de melisa secas siguen siendo una opción práctica para la taza y para el mate. Guardalas en frascos cerrados, al resguardo de la luz.

Si estás embarazada, amamantando, tomás medicación o tenés alguna condición de salud, consultá con tu médico antes de consumir hierbas.

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