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Fitoterapia
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20 de octubre de 2026
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Partes de una planta: hoja, flor, raíz, corteza y semilla, y cómo se preparan
No es lo mismo una flor delicada que una corteza leñosa. Una guía para entender qué parte de la planta tenés en el frasco y cómo tratarla en la taza y la cocina.
Cuando miramos los frascos de hierbas y especias en la alacena, es fácil pensar que todo se prepara igual: una cucharada, agua caliente y listo. Pero si te ponés a mirar con atención, vas a ver que hay cosas muy distintas. Unas son hojas finas que se desarman con los dedos, otras son flores delicadas, otras parecen pedacitos de madera y otras son semillas duras. Cada una de esas partes de la planta tiene una estructura distinta, guarda su aroma de una forma diferente y necesita un trato propio. En esta nota recorremos las principales partes de una planta y te contamos cómo se suelen preparar y guardar.
Por qué importa saber qué parte tenés
En botánica, cada órgano de la planta cumple una función: las hojas fabrican alimento con la luz del sol, las flores atraen polinizadores, las raíces sostienen y absorben, las cortezas protegen, y las semillas guardan la próxima generación. Esas funciones se traducen en texturas muy distintas.
Para la cocina y la taza, la regla general es bastante intuitiva: cuanto más blanda y fina es la parte de la planta, más fácil y rápido entrega su aroma; cuanto más dura y leñosa, más tiempo y más calor necesita. Con esa idea en mente, todo lo demás se ordena.
Hojas
Las hojas son la parte más usada en infusiones y en la cocina. Son finas, tienen mucha superficie y sus aromas suelen estar en pequeñas glándulas cerca de la superficie, como pasa con las hojas de menta, el cedrón o la melisa.
Cómo se preparan: en infusión, con agua caliente apenas retirada del hervor, tapadas, entre 5 y 10 minutos. Tapar la taza es importante, porque los aromas de las hojas son volátiles y se escapan con el vapor. En la cocina, las hojas secas se suman a guisos, salsas y aderezos, y conviene frotarlas entre los dedos antes de usarlas para despertar el perfume.
Flores
Las flores son la parte más delicada. Pensá en la manzanilla, la caléndula, el tilo, la lavanda o los pétalos de rosa. Tienen tejidos muy finos y aromas que se pierden con facilidad.
Cómo se preparan: con agua caliente pero no hirviendo, tapadas y con tiempos cortos o medios, de 3 a 7 minutos. Si las hervís o las dejás demasiado tiempo, algunas se vuelven amargas o pierden su perfume más fino. También funcionan muy bien en preparaciones en frío, dejándolas varias horas en agua en la heladera. En la cocina, los pétalos de caléndula o de rosa se usan para decorar ensaladas, panes y postres.
Raíces, rizomas y cortezas
Las raíces y rizomas son órganos subterráneos, firmes y fibrosos. El ejemplo más conocido en la cocina es el jengibre, que en realidad es un rizoma, es decir, un tallo que crece bajo tierra, igual que la cúrcuma.
Cómo se preparan: cuando están en trozos, necesitan hervor suave durante varios minutos para entregar su sabor, lo que se conoce como decocción. Si están molidas, como el jengibre en polvo, se integran rápido en masas, salsas y bebidas, pero conviene usarlas en poca cantidad porque son intensas. En la cocina, el jengibre molido se suma a galletitas, budines, currys y adobos.
Las cortezas son la capa externa de troncos y ramas, y son de las partes más duras. La canela en rama es el ejemplo más conocido: es la corteza interna de un árbol, que al secarse se enrolla sobre sí misma.
Cómo se preparan: igual que las raíces, entregan mejor su aroma con hervor suave de 5 a 10 minutos, o con un reposo largo en líquido caliente. Por eso la canela en rama se usa tanto en preparaciones de cocción lenta, como el arroz con leche, las compotas o el vino caliente. Molida, en cambio, se suma directo a masas y postres. Una rama de canela se puede enjuagar, secar y reutilizar una vez más.
Semillas y frutos
Las semillas son pequeñas cápsulas protegidas por una cubierta dura. Muchas de las que usamos como especia son en realidad frutos secos con una semilla adentro, como el hinojo, el anís o el comino. Sus aromas están bien resguardados, y por eso duran tanto tiempo en la alacena.
Cómo se preparan: para infusión, conviene machacarlas apenas en un mortero justo antes de usarlas, para romper la cubierta y liberar el perfume. Una cucharadita de semillas de hinojo machacadas en una taza de agua caliente, tapada durante 8 a 10 minutos, entrega mucho aroma. En la cocina, tostarlas unos segundos en una sartén seca intensifica su sabor, y molerlas en el momento marca una gran diferencia frente a las ya molidas.
Si estás embarazada, amamantando, tomás medicación o tenés alguna condición de salud, consultá con tu médico antes de consumir hierbas.
Cómo combinarlas y guardarlas
Cuando armes una mezcla con partes distintas, como canela con manzanilla, empezá por las más duras: hervilas unos minutos, apagá el fuego y recién ahí sumá las hojas y flores, tapá y dejá reposar. Así cada parte entrega lo mejor sin que las delicadas se pasen.
Para guardar, la lógica es la misma que para preparar:
1. Hojas y flores son las más frágiles: frasco de vidrio hermético, oscuridad y uso dentro de los meses siguientes.
2. Raíces y cortezas enteras duran más. Molidas, pierden aroma más rápido.
3. Semillas enteras son las más resistentes; molelas solo en el momento.
4. En todos los casos, lejos del calor, la luz y la humedad, con una etiqueta con la fecha. Y si notás olor a humedad, manchas o algo dudoso, descartá el contenido.
Con esta lógica sencilla, cada frasco de la alacena empieza a tener sentido.
hojas-de-menta-x100gr|Hojas de menta x100gr
flor-de-manzanilla-x100-gr|Flor de manzanilla x100 gr
calendula-x100gr|Calendula x100gr
canela-en-rama-por-50g|Canela en rama por 50g
jengibre-molido-por-100gr|Jengibre Molido Por 100gr
hinojo-x100gr|Hinojo x100gr
