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20 de octubre de 2026

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Riego en la huerta: cuánto y cuándo regar según la estación

Riego en la huerta: cuánto y cuándo regar según la estación

Ni de más ni de menos: cómo saber cuándo regar, a qué hora hacerlo, cómo cambia en macetas y canteros, y cómo ajustar el riego en cada estación.

Si hay una tarea que define el éxito de una huerta en casa, es el riego. Una planta puede tener buena tierra, sol y semillas de calidad, pero si recibe agua de más o de menos, se resiente. Y lo curioso es que en macetas, el exceso de riego suele causar tantos problemas como la falta. No existe una fórmula única de cuántos litros y cada cuántos días, porque depende de la planta, la maceta, el sol, el viento y la época del año. Lo que sí existe es una manera de mirar y de tocar la tierra que te va a permitir decidir bien. En esta nota te contamos cómo.

Regar según la tierra, no según el calendario

El error más común es regar por costumbre: todos los días a la misma hora, haga frío o calor. La planta no necesita agua porque sea martes, sino porque la tierra se secó.

El método más confiable es el más simple: el dedo. Metelo en el sustrato unos cinco centímetros. Si está seco a esa profundidad, es momento de regar. Si se siente fresco y húmedo, esperá. Para macetas grandes o canteros, también sirve un palito de madera: lo clavás, lo sacás y te fijás si sale con tierra húmeda pegada.

Otro indicio útil es el peso. Si levantás una maceta recién regada y otra seca, vas a notar enseguida la diferencia. Con el tiempo, solo con alzarla vas a saber si necesita agua.

La mejor hora del día

El momento ideal para regar es la mañana temprano. La planta tiene agua disponible para enfrentar las horas de calor, y las hojas que se mojan llegan a secarse con el sol, lo que reduce la aparición de hongos.

El atardecer es la segunda opción, sobre todo en verano, cuando el sol ya bajó. Tiene la ventaja de que el agua se evapora menos. La desventaja es que, si mojás las hojas, quedan húmedas toda la noche.

Regar al mediodía en pleno verano no es lo ideal, porque gran parte del agua se evapora antes de llegar a las raíces. Pero si a las tres de la tarde encontrás una planta desmayada y con la tierra seca, regala igual: es peor dejarla así hasta la noche.

Cómo regar: profundo y en la base

Más importante que la frecuencia es cómo se riega. Un riego superficial y frecuente moja apenas los primeros centímetros y hace que las raíces se queden arriba, más expuestas al calor. Un riego profundo y más espaciado empuja a las raíces a buscar agua hacia abajo, y la planta se vuelve más resistente.

1. En macetas, regá despacio hasta que el agua empiece a salir por los agujeros de drenaje. Ese es el riego completo.

2. Vaciá el plato de abajo después de unos minutos. El agua estancada pudre las raíces y es un lugar ideal para que se críen mosquitos.

3. Dirigí el agua a la base de la planta, no a las hojas. Una regadera con pico largo ayuda mucho.

4. Si la tierra está muy seca y el agua corre por los costados sin absorberse, regá en dos tandas: un poco primero, esperá unos minutos y completá.

Macetas, cajones y canteros

Las macetas se secan mucho más rápido que la tierra de un cantero, y cuanto más chicas, más rápido. Las de barro cocido pierden humedad por las paredes, algo que agradecen las aromáticas mediterráneas pero que en verano obliga a regar más seguido. Las de plástico la conservan más tiempo. El color también influye: una maceta oscura al sol se calienta más.

En los canteros y en la tierra, el riego puede ser bastante menos frecuente, pero más abundante. Una capa de paja seca, hojas o pasto cortado y seco sobre la superficie, lo que se llama acolchado, ayuda a conservar la humedad y a que la tierra no se caliente tanto.

Ajustar el riego en cada estación

En el clima templado de Buenos Aires, el riego cambia mucho a lo largo del año:

1. Verano: es la época crítica. Las macetas al sol pueden necesitar agua todos los días, y en olas de calor, dos veces. Los días de viento también secan mucho.

2. Otoño: las temperaturas bajan y llueve con más frecuencia. Empezá a espaciar los riegos y revisá antes de regar.

3. Invierno: las plantas crecen despacio y la tierra tarda en secarse. En muchas macetas, una vez por semana alcanza, y a veces menos. Regá en las horas más templadas del día.

4. Primavera: los días se alargan, las plantas despiertan y la demanda de agua sube de a poco. Acompañá ese ritmo.

Después de una lluvia, no des por sentado que las macetas están mojadas: las que están bajo un alero o con mucho follaje pueden haber quedado secas. Siempre conviene chequear.

Pequeños hábitos que ayudan

1. Juntá agua de lluvia en un balde o tacho tapado para regar. Si usás agua de la canilla, dejarla reposar unas horas en la regadera ayuda a que no esté tan fría.

2. Agrupá las macetas con necesidades parecidas: las aromáticas de poca agua por un lado, las hojas verdes y los tomates por otro.

3. Antes de irte unos días, regá a fondo y alejá las macetas del sol más fuerte.

4. Y después de regar, en una tarde de calor, date también vos un momento para refrescarte. Un tereré con yerba mate con palo, unas hojas de menta y un poco de cedrón, o una jarra de agua fría con flor de hibiscus en infusión fría, son una buena manera de disfrutar el balcón recién regado. Si estás embarazada, amamantando, tomás medicación o tenés alguna condición de salud, consultá con tu médico antes de consumir hierbas.

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