Equipo de Dietéticas Naturalmente
Escritos
Fitoterapia
Fitoterapia, bienestar digestivo, calma y descanso
19 de octubre de 2026
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Conocida por su uso digestivo y su asociación con el descanso, la manzanilla también se investiga por sus posibles efectos sobre la ansiedad y otras molestias. Una guía extensa para entender sus beneficios potenciales, las diferencias entre preparaciones y los cuidados que conviene conocer.
Una taza de manzanilla puede ser una elección cotidiana, una costumbre familiar o una forma de acompañar el final del día. Hablar de sus beneficios exige mirar esa experiencia con atención y, al mismo tiempo, revisar qué se ha investigado realmente. El interés científico existe: hay estudios sobre ansiedad, sueño, molestias digestivas y aplicaciones locales. Sus resultados, sin embargo, no permiten atribuirle eficacia demostrada para cualquier problema de salud. [1]
La familiaridad de una planta no responde todas las preguntas sobre ella. ¿Qué manzanilla contiene un producto? ¿Se utilizaron flores en infusión o un extracto? ¿El beneficio que se menciona proviene de un ensayo clínico, de una investigación de laboratorio o del uso tradicional? Cada respuesta ayuda a comprender mejor qué podemos esperar.
El propósito de esta nota es recorrer esas diferencias sin perder de vista por qué esta planta despierta interés. Conocer sus posibilidades incluye reconocer los límites de la evidencia, elegir preparaciones identificables y distinguir un hábito agradable de un tratamiento médico.
La denominación manzanilla puede referirse a especies diferentes. La ficha del NCCIH sobre manzanilla alemana utiliza los nombres Matricaria recutita, Chamomilla recutita y Matricaria chamomilla. También distingue esa planta de la manzanilla romana. Esa identificación es importante cuando se comparan publicaciones y etiquetas. [1]
Para esta nota, el foco está puesto principalmente en la manzanilla alemana y en las preparaciones que aparecen bajo esos nombres científicos. No corresponde trasladar automáticamente sus resultados a cualquier otra planta que se venda con un nombre popular parecido.
La pregunta por la especie puede parecer demasiado técnica para una infusión, pero ofrece una ventaja concreta: permite saber si estamos hablando del mismo material que estudiaron los investigadores. Es el primer paso para que una conversación sobre beneficios sea verificable.
Una de las aplicaciones más claras en la documentación europea es el uso de preparados de flores de manzanilla para molestias gastrointestinales menores, como distensión y espasmos leves. La Agencia Europea de Medicamentos incluye esas indicaciones dentro del uso tradicional. [2]
Esto permite explicar su relación con el bienestar digestivo de manera precisa: ciertos preparados se han utilizado durante mucho tiempo con esa finalidad y la autoridad europea considera plausible esa aplicación. No equivale a demostrar que una infusión resuelva cualquier dolor de abdomen.
El alcance de la palabra “leve” también importa. Una molestia ocasional no es la misma situación que un dolor persistente o una enfermedad digestiva diagnosticada. La identificación de lo que ocurre debe preceder a la elección de una herramienta para aliviarlo.
Para quien busca información, la formulación más útil conserva el contexto: la manzanilla tiene un lugar en la tradición de los cuidados digestivos, especialmente ante molestias menores, sin que eso la convierta en una respuesta universal para el aparato digestivo.
La EMA explica que el uso tradicional se apoya en una utilización prolongada y en la plausibilidad de la eficacia, cuando los ensayos clínicos disponibles no alcanzan para establecerla con suficiente solidez. Su resumen público sobre manzanilla aclara ese fundamento. [3]
Esta distinción ayuda a evitar dos extremos. El primero es presentar una tradición como si fuera una demostración clínica definitiva. El segundo es considerar que toda práctica tradicional carece de interés y no merece investigación.
Entre ambas posiciones hay espacio para una lectura más informativa. Se puede reconocer qué uso está documentado, explicar por qué despierta interés y señalar qué evidencia falta. Esa forma de comunicar deja al lector mejor preparado para comprender una etiqueta, una consulta o un nuevo estudio.
La tradición ofrece antecedentes. La investigación permite poner a prueba preguntas concretas. Cuando se conserva esa diferencia, ambas pueden describirse sin confusión.
Además de los antecedentes de uso, existen investigaciones experimentales sobre la actividad antiespasmódica de extractos de manzanilla. Un trabajo publicado en 2015 estudió modelos animales y tejido intestinal aislado, e investigó mecanismos relacionados con canales de potasio y otras vías de contracción muscular. [4]
El hallazgo aporta una explicación biológica posible para seguir investigando ciertos usos digestivos. Su alcance es experimental: observar un efecto en tejido aislado no establece cuánto se beneficiará una persona al tomar una infusión.
La diferencia entre ambas situaciones merece quedar explícita. En un laboratorio se controlan condiciones, concentraciones y materiales que no reproducen de manera automática la experiencia cotidiana de consumo. Por eso, una actividad antiespasmódica experimental no debería convertirse en una promesa de alivio garantizado.
Lo interesante es que permite formular nuevas preguntas: qué preparación podría estudiarse en personas, para qué molestia y con qué comparación. Ese recorrido es parte de la construcción de evidencia, no una razón para saltearla.
Cuando alguien pregunta si la manzanilla “ayuda a la digestión”, conviene precisar qué experiencia quiere mejorar. La distensión, los espasmos y la sensación de malestar no describen necesariamente un mismo problema. La documentación de la EMA se refiere a molestias menores específicas; no establece una indicación para todo diagnóstico digestivo. [2]
Una conversación útil puede comenzar por reconocer esa diferencia. Si una persona disfruta de una infusión después de comer, no hace falta atribuirle una acción extraordinaria para justificar esa elección. Si busca tratar síntomas repetidos, la pregunta cambia y merece una evaluación adecuada.
También importa evitar expresiones vagas. Decir que una planta “limpia el organismo” no explica qué cambia, cómo se mide ni en qué estudio se comprobó. En esta nota, el beneficio digestivo se describe dentro de su alcance tradicional y experimental, sin convertirlo en una afirmación sobre enfermedades que no fueron evaluadas.
La manzanilla cuenta con ensayos clínicos sobre trastorno de ansiedad generalizada. Un estudio aleatorizado, doble ciego y controlado con placebo publicado en 2009 evaluó un extracto oral de Matricaria recutita. Sus resultados ofrecieron una señal preliminar de posible actividad ansiolítica. [5]
El detalle del extracto es central. El trabajo no evaluó cualquier infusión disponible ni todas las formas de consumo. Tampoco permite deducir que una persona con ansiedad deba suspender su tratamiento para reemplazarlo por manzanilla.
La contribución del estudio está en haber puesto a prueba una pregunta clínica, con un grupo de comparación. Eso ofrece más información que un testimonio aislado, aunque no elimina la necesidad de confirmar los resultados y comprender sus límites.
Para comunicar este posible beneficio corresponde utilizar expresiones proporcionadas: hay resultados preliminares sobre determinados extractos. La evidencia no justifica prometer que una taza eliminará la ansiedad ni que sus efectos serán equivalentes a los de un medicamento.
En 2016 se publicó un ensayo de continuación sobre ansiedad generalizada. Tras una etapa inicial con manzanilla, 93 participantes que habían respondido al tratamiento fueron asignados a continuar el extracto o recibir placebo. El diseño estudió, entre otras cuestiones, la recaída. [6]
El grupo que continuó con manzanilla mantuvo puntuaciones menores de síntomas, pero la diferencia en el riesgo de recaída no alcanzó significación estadística. Ese resultado es importante: no corresponde comunicar que se demostró una prevención de recaídas cuando el desenlace principal no lo confirmó. [6]
El trabajo sugiere que existen aspectos de interés para investigar, dentro de una población seleccionada por su respuesta inicial. Esa selección limita la generalización a cualquier persona con ansiedad.
Leer un ensayo completo implica conservar lo favorable y lo incierto. Un resultado secundario alentador no vuelve positivo por sí solo todo el estudio. Esta manera de explicarlo permite valorar la investigación sin exigirle conclusiones que no produjo.
La apigenina es uno de los compuestos investigados en relación con la manzanilla. Un trabajo de 1995 estudió su afinidad por sitios receptores relacionados con benzodiacepinas y examinó efectos en modelos experimentales. Ese tipo de investigación ayuda a explorar mecanismos posibles. [7]
La referencia a receptores puede sonar contundente, pero necesita una traducción cuidadosa. Compartir una posible vía de interacción no demuestra equivalencia clínica entre una planta, un compuesto aislado y un medicamento. Tampoco permite calcular el efecto de una taza a partir del nombre de una molécula.
En el consumo cotidiano interviene una preparación concreta, cuya composición y cantidad pueden diferir de las condiciones de laboratorio. La pregunta clínica sigue abierta hasta que se evalúa una intervención definida en personas.
La apigenina ayuda a entender por qué la manzanilla se investiga. No reemplaza las pruebas necesarias para establecer un beneficio, una dosis o una indicación individual.
Sentir que una bebida acompaña una pausa y demostrar un tratamiento para el insomnio son cuestiones distintas. La manzanilla se ha estudiado en personas con problemas de sueño, con resultados que varían entre ensayos y poblaciones.
Un ensayo piloto publicado en 2011 incluyó a 34 adultos con insomnio crónico primario. Comparó un extracto estandarizado con placebo durante 28 días. No encontró diferencias estadísticamente significativas en las medidas principales registradas en los diarios de sueño, como tiempo total, eficiencia y latencia. [8]
Este resultado impide presentar ese estudio como prueba de que la manzanilla trata el insomnio. También recuerda que un uso popular puede despertar una hipótesis razonable sin que todos los ensayos la confirmen.
Para quien busca descansar mejor, la información más honesta conserva esa diferencia: la relación de la manzanilla con el sueño es objeto de investigación; no existe una garantía de respuesta para toda dificultad nocturna.
Una investigación publicada en 2017 evaluó un extracto de manzanilla en 60 personas mayores de una institución de cuidado. Durante 28 días se compararon cápsulas de extracto con una preparación de control y se utilizó un cuestionario de calidad del sueño. Los autores informaron mejoras en el grupo de intervención. [9]
El resultado es alentador dentro de esas condiciones. No contradice automáticamente el ensayo de insomnio: estudió otra población y una intervención que debe describirse por separado.
Una persona mayor que vive en una institución tampoco representa a todos los adultos que duermen mal. Conservar ese contexto ayuda a entender por qué no corresponde reducir la evidencia a un “sirve” o “no sirve” sin más explicación.
La pregunta relevante es para quién podría ser útil, con qué preparación y bajo qué condiciones. Los estudios aportan piezas para responderla, pero una pieza no equivale al panorama completo.
Un ensayo publicado en 2016 incluyó a 80 mujeres de Taiwán en el posparto, con mala calidad de sueño. El grupo de intervención tomó infusión de manzanilla durante dos semanas. Se observaron diferencias favorables en algunas medidas al finalizar ese período, pero no se mantuvieron en la evaluación posterior de cuatro semanas. [10]
Este estudio resulta especialmente interesante porque utilizó una infusión y no solamente un extracto en cápsulas. Aun así, sus resultados corresponden a esa población y a un seguimiento breve.
Tampoco establece por sí solo la seguridad de cualquier pauta durante la lactancia. Una investigación sobre determinados resultados no responde automáticamente todas las preguntas sobre exposición del lactante y consumo prolongado.
La lectura adecuada conserva ambas cosas: existió una señal de beneficio inmediato en algunas mediciones y no se demostró su permanencia en la evaluación posterior. Comunicar solo la primera parte dejaría incompleta la información.
La manzanilla también se ha investigado en el síndrome premenstrual. Un ensayo clínico aleatorizado y doble ciego realizado con 90 estudiantes comparó un extracto con ácido mefenámico y evaluó síntomas durante ciclos de intervención. Los autores informaron resultados favorables en algunas dimensiones, incluidas las emocionales. [11]
El síndrome premenstrual no es sinónimo de toda causa de dolor pélvico. Por eso, ese estudio no permite atribuir al extracto eficacia para cualquier dolor menstrual ni establecer que sustituye un tratamiento indicado.
La comparación con un medicamento exige cuidado adicional: un trabajo que describe diferencias en síntomas no debe transformarse, sin más, en una afirmación general de superioridad o equivalencia.
El interés del hallazgo es específico. Muestra que existe investigación clínica sobre algunas molestias vinculadas al ciclo y justifica continuar estudiándolas con definiciones claras, seguimiento suficiente y evaluación de seguridad.
La documentación europea contempla aplicaciones tradicionales de preparados de manzanilla para inflamaciones menores de la piel y heridas superficiales. Ese reconocimiento se refiere a preparados y usos definidos; no demuestra que cualquier infusión casera sea apropiada para toda lesión. [2]
Una crema, una preparación líquida y una taza para beber son productos diferentes. La vía de aplicación forma parte de la intervención y debe permanecer visible cuando se informa un beneficio.
También conviene precisar qué se entiende por “calmante”. En una publicación sobre piel, la palabra debería relacionarse con una molestia concreta y una preparación identificable, en lugar de funcionar como promesa abierta para cualquier irritación.
La utilidad de esta información está en distinguir un antecedente tradicional de una recomendación indiscriminada. Antes de trasladar una práctica a una lesión particular, importa conocer qué ocurre en la piel y qué producto se está utilizando.
Un ensayo piloto de 2016 comparó crioterapia oral realizada con agua y con infusión de manzanilla en pacientes que recibían determinados esquemas de quimioterapia. Es un ejemplo de investigación sobre una aplicación local muy específica, realizada en un entorno clínico. [12]
Otro estudio, publicado en 1996, evaluó un enjuague de manzanilla frente a placebo en 164 pacientes evaluables que recibían quimioterapia con fluorouracilo. No encontró diferencias que respaldaran el beneficio propuesto sobre estomatitis. [13]
Estos trabajos muestran por qué la expresión “buena para la boca” es demasiado amplia. La preparación, la forma de aplicación, el tratamiento oncológico y el resultado medido pueden cambiar de una investigación a otra.
Una persona bajo tratamiento oncológico no debería convertir esos antecedentes en una preparación casera por cuenta propia. Su valor es aportar información para una conversación con el equipo tratante, que conoce el protocolo y la situación individual.
Un ensayo clínico publicado sobre infusión de manzanilla estudió a 64 personas con diabetes tipo 2 y evaluó indicadores de control glucémico y estado antioxidante. Los autores describieron resultados favorables en algunas de esas mediciones. [14]
La observación merece interés, pero medir cambios en análisis no demuestra por sí solo que se prevengan complicaciones ni que pueda reemplazarse un medicamento. Esa investigación tampoco establece un beneficio idéntico para personas sin diabetes.
La palabra antioxidante requiere el mismo cuidado. Un cambio en un marcador estudiado no equivale a una promesa general de rejuvenecimiento, protección de todos los órganos o prevención de cualquier enfermedad.
Para el lector, la pregunta es qué variable cambió y qué permite concluir ese cambio. Mantener esa precisión evita convertir una línea de investigación en una recomendación terapéutica que el estudio no estableció. Los tratamientos de la diabetes deben revisarse con el profesional que los indica, no modificarse a partir de una nota de divulgación.
Los ensayos citados permiten ver una diversidad concreta: algunos utilizaron cápsulas de extracto; otro estudió una infusión; otros evaluaron enjuagues o aplicaciones de frío. Sus resultados pertenecen a esas intervenciones. [5, 8, 10, 12]
El nombre de la planta no borra esas diferencias. Para comparar un producto con una investigación hace falta conocer qué material contiene, cómo se preparó y qué cantidad se utilizó. Una cifra aislada, expresada en miligramos o en número de tazas, puede resultar insuficiente si no se conoce lo demás.
Esta es una cuestión práctica para quien lee una etiqueta. Si un producto menciona un estudio, conviene preguntar si coincide con la preparación investigada. Si esa equivalencia no está documentada, no puede darse por confirmada.
La calidad de la información mejora cuando se identifica el producto con la misma atención que se describe su beneficio posible.
No existe una pauta única que reúna todas las presentaciones y finalidades descritas en esta nota. Los estudios de sueño y ansiedad utilizaron esquemas diferentes, y sus duraciones tampoco fueron iguales. [6, 8, 9]
Por esa razón, convertir una dosis de investigación en una recomendación general para todos los lectores sería impreciso. La decisión debe considerar el tipo de producto, las indicaciones de su rótulo, la edad, los medicamentos y el motivo de consumo.
Cuando se trata de un producto comercial, seguir las instrucciones declaradas y consultar ante dudas ofrece una referencia más responsable que improvisar concentraciones. El NCCIH recomienda informar al equipo de salud sobre los productos complementarios que se utilizan, especialmente cuando existe medicación. [15]
Tampoco conviene interpretar un seguimiento breve como garantía de seguridad indefinida. La duración de un ensayo responde qué se observó en ese período, no todo lo que podría ocurrir con cualquier uso futuro.
La manzanilla puede provocar reacciones alérgicas. Las personas alérgicas a plantas relacionadas, como ambrosía, crisantemos o margaritas, pueden tener mayor probabilidad de reaccionar. El NCCIH también describe casos de hipersensibilidad grave, aunque los efectos adversos son infrecuentes. [1]
Por lo tanto, la familiaridad de una bebida no garantiza tolerancia individual. Haber visto a otras personas consumirla sin problemas no permite anticipar la respuesta de alguien con antecedentes de alergia.
La documentación europea contraindica los preparados de flor de manzanilla en personas alérgicas a esa planta o a otras de la familia Asteraceae. [2]
La aplicación sobre la piel también cuenta como exposición. Si un producto produce una reacción, no corresponde asumir que la irritación forma parte de un efecto beneficioso. La información sobre ingredientes y antecedentes personales debe acompañar cualquier conversación sobre sus usos.
El uso de infusión de manzanilla para lavar los ojos tiene un antecedente concreto de riesgo. Una publicación clínica de 1990 describió conjuntivitis alérgica inducida por lavados oculares con esta infusión. [16]
La observación permite una recomendación clara: una bebida de uso doméstico no debe tratarse como si fuera un producto oftálmico. La posibilidad de utilizar una planta de otra manera no establece que sea adecuada para el ojo.
En este punto, el beneficio supuesto puede hacer perder de vista la vía de aplicación. “Es manzanilla” no es información suficiente para decidir dónde colocarla ni para qué síntoma utilizarla.
Ante una molestia ocular, lo razonable es identificar su causa y utilizar las medidas indicadas para esa situación. La tradición de un lavado no justifica mantenerlo cuando existe evidencia de que puede provocar una reacción alérgica.
Un reporte de 2006 describió hemorragias en una paciente que utilizaba warfarina y había aumentado el uso de productos con manzanilla. Los autores plantearon una posible interacción. Un caso no establece la frecuencia del riesgo ni demuestra que toda exposición produzca el mismo desenlace, pero constituye una señal clínica que merece atención. [17]
El NCCIH también informa posibles interacciones con medicamentos y motivos teóricos de precaución con sedantes. [1]
La conclusión práctica no es suspender un tratamiento prescripto. Es incluir infusiones, suplementos y productos herbarios en la información que recibe el profesional. Si solo se mencionan los medicamentos, la revisión queda incompleta.
Este cuidado cobra sentido cuando se piensa en la persona concreta: qué toma, en qué cantidad y con qué objetivo. Las interacciones se evalúan dentro de ese contexto, sin afirmar que todos los productos naturales son peligrosos ni que todos son inocuos.
La información sobre seguridad durante embarazo y lactancia es limitada. El NCCIH señala esa falta de datos, por lo que no corresponde garantizar que cualquier preparación o cantidad sea apropiada durante esas etapas. [1]
LactMed, la base de información sobre sustancias y lactancia de la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, también reúne datos sobre manzanilla y advierte sobre las limitaciones de la evidencia. Incluye consideraciones sobre alergia y sobre la calidad de productos herbarios. [18]
Un estudio realizado en mujeres en el posparto no responde todas las preguntas sobre seguridad en la lactancia, del mismo modo que una investigación en adultos no establece una dosis pediátrica.
La consulta individual permite valorar el motivo del uso, la preparación y las alternativas. En un bebé o un niño, una costumbre familiar no debería sustituir esa evaluación ni convertirse automáticamente en una pauta de administración.
La calidad comienza por poder reconocer qué se compra. Para suplementos dietarios, ANMAT describe información relevante del rótulo, como ingredientes, responsable elaborador o importador, lote, vencimiento, modo de uso y advertencias. También explica que su condición no es la de un medicamento para tratar enfermedades. [19]
No todo producto de manzanilla pertenece a la misma categoría: puede ofrecerse como infusión, suplemento o preparación de otro tipo. Por eso, conviene revisar qué declara el envase en lugar de deducirlo por el nombre de la planta.
ANMAT dispone de información de consulta sobre alimentos autorizados y establecimientos habilitados, con registros de distintas jurisdicciones. Esa identificación ayuda a revisar la procedencia, aunque no equivale a demostrar cada beneficio que pudiera mencionarse en una publicidad. [20]
Una compra informada distingue ambas preguntas: si el producto puede identificarse y qué evidencia respalda las afirmaciones que se hacen sobre él.
Una publicación confiable debería permitir seguir el recorrido entre la afirmación y la fuente. Si habla de sueño, tendría que aclarar qué estudio lo evaluó. Si habla de digestión, debería distinguir uso tradicional de ensayo clínico. Si menciona un compuesto, tendría que explicar si el hallazgo proviene de laboratorio o de personas.
El NCCIH propone revisar el diseño, el tamaño de la muestra y la interpretación de los resultados al leer una investigación. Los estudios pequeños pueden dejar preguntas importantes sin resolver y no siempre representan a toda la población. [21]
También conviene prestar atención a las expectativas. Un estudio sobre extracto de manzanilla y ansiedad investigó cómo las expectativas se asociaban con síntomas y efectos adversos durante una etapa abierta. Eso recuerda la utilidad de contar con comparaciones adecuadas, sin invalidar la experiencia de los participantes. [22]
Los testimonios pueden contar una vivencia. Una afirmación de eficacia necesita un respaldo que permita evaluarla más allá de esa vivencia.
Para una persona que disfruta su sabor y puede consumirla sin contraindicaciones, la manzanilla puede formar parte de una elección cotidiana. No hace falta convertir cada taza en una intervención médica ni exigirle que resuelva por sí sola problemas complejos.
Cuando lo que preocupa es la ansiedad o el sueño, también importa mirar el contexto. El NIMH recomienda reconocer desencadenantes de estrés, mantener hábitos de sueño, realizar actividad física y buscar ayuda profesional si los síntomas persisten o interfieren con la vida diaria. [23]
Esa perspectiva permite ubicar una infusión dentro de una rutina sin atribuirle todo lo que cambia en ella. Si una persona organiza mejor su descanso y además incorpora una bebida, no es posible identificar solo por esa experiencia cuál fue la contribución de cada decisión.
La investigación existe para responder preguntas de ese tipo con mayor precisión. La vida cotidiana puede conservar sus hábitos agradables sin convertirlos en garantías terapéuticas.
Los beneficios de la manzanilla no forman una lista única de efectos demostrados para toda persona. Hay usos tradicionales digestivos y locales, señales clínicas de interés en determinados extractos para ansiedad, resultados diversos sobre sueño y otras investigaciones que necesitan confirmación. [2, 3, 5, 6, 8, 9]
Lo valioso es poder reconocer qué sostiene cada afirmación. La manzanilla no necesita una promesa extraordinaria para merecer atención. Su estudio permite hablar de preparados concretos, preguntas clínicas y posibilidades que se comprenden mejor cuando sus límites permanecen visibles.
Para Naturalmente Media, divulgar sus beneficios significa ofrecer ese contexto: qué se observó, en quiénes y con qué preparación. También significa señalar cuándo una práctica no es apropiada o cuándo un síntoma merece una consulta.
Una buena nota sobre una planta deja al lector con más herramientas para comprenderla. Puede despertar curiosidad, acompañar una elección informada y hacer que una costumbre conocida se mire con preguntas nuevas.
Este contenido es informativo. No establece diagnósticos ni reemplaza una consulta profesional. Los productos herbarios no deben utilizarse como motivo para suspender tratamientos ni postergar la evaluación de síntomas persistentes. [24]
flor-de-manzanilla-x100-gr|Flores para infusión
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Referencias correspondientes únicamente a la nota sobre manzanilla. Los ensayos clínicos, estudios experimentales, reportes de caso y documentos institucionales se identifican para facilitar su lectura. Su inclusión no implica un aval comercial de sus autores o instituciones.
La evidencia se presenta según el contexto y la preparación estudiados. Los usos tradicionales se distinguen de la eficacia clínica demostrada. Las cifras de participantes y duraciones provienen de las referencias indicadas; no son estimaciones ni recomendaciones de consumo.